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Ser saludable: más allá de las 5 porciones de frutas y verduras

Ser saludable: más allá de las 5 porciones de frutas y verduras

En el momento en que pensamos que ¨queremos ser saludables¨, normalmente orientamos todos nuestros esfuerzos y recursos a comer menos comidas rápidas, evitar las frituras, llenar nuestros platos de ensalada y darle a nuestro cuerpo las famosas cinco porciones de frutas y vegetales.

 

Eso está perfecto, es un buen comienzo. Sin embargo, muchas veces nos olvidamos que somos seres integrales y que, ser saludables no se debe de reducir solamente a nuestro proceso de alimentación. Es ahí, donde tenemos que sacar nuestra libretita de apuntes y comenzar a hacer ¨check¨ a otros aspectos que pueden estar mejorando o empeorando nuestra calidad de vida.

 

El sueño. Vivimos en una sociedad en la que, dormir bien es para vagos y en que, entre menos horas de sueño tengamos por día, más exitosos y trabajadores se supone que somos.  No hay nada más falso que esto. Andar como zombies solamente nos hace seres humanos menos productivos, con los ojos abiertos pero con el cerebro apagado. Además, todos hemos experimentado el mal humor que aparece a raíz de tener sueño, una situación para nada agradable. Por si fuera poco, alterar nuestro ciclo de sueño, tiene un efecto directo en nuestras hormonas, las que sabemos que controlan todos los procesos de nuestro cuerpo.

 

Desliguemonos de esas creencias sociales que no tienen nada de fundamento y aprendamos a disfrutar de nuestras 7-8 horas de sueño al día. Apaguemos nuestros celulares para dormir, busquemos deshacernos de toda la luz posible y evitemos comer dos horas antes de la hora de acostarnos. De esa manera, el sueño va a ser suficiente y de calidad.

 

Actividad física. Para nadie es secreto el efecto que tiene la actividad física en nosotros. De repente, pasamos de andar estresados y mal humorados, a sentirnos empoderados, motivados y con unas pequeñas sustancias, llamadas endorfinas, bailando por todo nuestro cuerpo. Sin embargo, ¿cuál es la clave?. La clave es entender que todas las personas somos distintas y que lo que a mí me sirve, tal vez no les sirve a ustedes.

 

Tenemos que buscar cuál es la actividad física que nos gusta, que nos motiva y que se adapta a nuestras actividades diarias. ¿Cuál es la mejor hora para hacer ejercicio? La que a usted le funcione. No hay reglas generales. Mientras que el ejercicio que yo escoja pueda formar parte de mi rutina, lo voy a poder seguir haciendo a largo plazo.

 

Nuestro grupo social. Ahora sí entramos en lo obvio pero que, ilógicamente, muchas veces ignoramos. La gente con la que nos rodeamos afecta cada aspecto de nuestras vidas, para bien y para mal.

 

Muchas veces, nos encaprichamos en tener a una persona en nuestra vida que, por más que haya aportado muchísimo en otros momentos, hoy en día nos genera más malestar de la cuenta.

 

No deberíamos de sentirnos culpables de alejar a personas de nosotros si no sacan lo mejor de uno. No deberíamos de creer que porque alguien es familia, eso es sinónimo de tener que convivir con esa persona.

 

La convivencia implica tolerancia, sin embargo, las relaciones con las personas que tenemos a nuestro alrededor deberían de fluir, llenarnos de experiencias y de apoyo y hacernos sentir seguros en nuestras relaciones interpersonales. La culpa, es el peor consejero. Así como escogemos la ropa que usamos todos los días, tenemos derecho también a escoger las personas de las que queremos rodearnos.

 

Nuestros pensamientos. Muchas veces, tenemos todas las herramientas y recursos para lograr alguna meta u objetivo y lo único que nos sabotea son nuestros propios pensamientos. Decir ¨lo único¨ es un poco injusto,  ya que suena como si fuera algo insignificante, cuando en realidad, pesa más de lo que nos imaginamos.

 

No poder tener control sobre nuestros pensamientos es algo más común de lo que creemos. Comenzamos a pensar en algo que nos genera miedo o ansiedad y cuando nos damos cuenta, nos estamos creando una total desgracia en nuestra cabeza. Igual pasa con los recuerdos. Empezamos a pensar en alguna situación que nos generó malestar y en cuestión de segundos, estamos de mal humor y reviviendo esa situación como si acabara de ocurrir.

 

La buena noticia es que sí podemos llegar a tener control sobre nuestros pensamientos. Identificar qué es lo que desata ese efecto domino en nuestra cabeza, nos permite cambiar el foco de atención para no permitir que lleguemos al fin de esa catástrofe auto generada.

 

Un buen tip es apuntar todos los pensamientos que surgen en un momento de ansiedad o de angustia y dejarlos ahí. No darles ningún significado, solamente escribirlos tal y como vienen a la cabeza. Luego, a las horas, se pueden re leer los pensamientos y darse cuenta de lo irracionales que muchos de ellos eran.

 

Tiempo de ocio. Por último, tenemos que darnos permiso de hacer cosas que disfrutamos. Al igual que con el sueño, muchas veces nos privamos de esos ¨hobbies¨ o actividades que nos generan placer por el simple hecho de que creemos que deberíamos de estar siendo productivos o invirtiendo nuestro tiempo de una mejor manera.

 

Nuevamente nuestra culpabilidad nos está saboteando. No nacimos para ser máquinas trabajadoras. Lograr tener esos ratos libres donde los invertimos ¨como nos de la gana¨, nos llena de energías para después poder ser más productivos en nuestros trabajos. Esos momentos nos refrescan la mente, nos centran la atención en cosas que nos hacen crecer como seres humanos y en el simple acto de DISFRUTAR; que por alguna extraña razón, se ha visto subestimado como si el disfrute y el placer tuviera que tener otro fin más que sí mismo.

 

 

¿ Cómo mantener un balance los fines de semana?

¿ Cómo mantener un balance los fines de semana?

 

Toda la semana comemos sano, nos levantamos temprano para hacer ejercicio y apenas son las cinco de la tarde del viernes: todo el esfuerzo a la basura.

 

¿Suena de alguna manera familiar? Probablemente sí. De lunes a viernes, la mayoría de personas tenemos rutinas establecidas, horario de trabajo, horario de almuerzo y los horarios para hacer ejercicio.

 

El fin de semana, la rutina cambia drásticamente. Algunas veces nos quedamos en la casa viendo películas, vamos al cine, tenemos un paseo a la playa, un almuerzo familiar y/o una fiesta. Entonces, toda la rutina que habíamos practicado casi como robots de lunes a viernes, da vueltas en círculos sin saber cómo acomodarse.

 

De repente, el sábado no hicimos las meriendas, en la noche tomamos más de la cuenta, el domingo en el almuerzo familiar pérdimos el control de las porciones y en la noche, se nos antojaron las palomitas dulces, tamaño gigante, del cine.

 

¿Cómo hacemos?. La respuesta no es tan simple. Primero que todo, lo más importante es dejar de ver las situaciones en un panorama de blanco o negro. Entre semana hago todo perfecto y los fines de semana, la oveja negra. NO.

 

El principal problema con los fines de semana, es creer que tenemos vacaciones de nuestros hábitos saludables. Definitivamente las rutinas cambian y, así como descansamos del trabajo, también podemos descansar un poco de la rigidez que nos puede llegar a aturdir entre semana. No obstante, lo importante es olvidarnos del todo o nada.

 

Los hábitos saludables no deberían de verse en función de todo o nada. Una vez leí que, darse un atracón  porque ¨ya igual comí mal¨, es como si a uno se le cayera el celular, se le quebrara la pantalla y como ¨ya igual está quebrada¨; nos le pararamos encima para seguirla quebrando más. Así no funciona.

 

Si logramos mantener una rutina de lunes a viernes, podemos usar los fines de semana para bajar un poco la guardia, utilizando algunos tips:

  1. Hacer ejercicio viernes, sábado y domingo. Aunque sabemos que es importante tener un día de descanso a la semana, es preferible que éste no sea los fines de semana. De esta manera, aseguramos que si estamos comiendo un poco más de la cuenta, por lo menos no estamos quitando también la actividad física.
  2. No ¨eliminar¨ los hábitos saludables que hemos adquirido entre semana: carbohidratos integrales, suficiente hidratación, escoger proteínas bajas en grasa, consumir suficientes vegetales y ensaladas.
  3. Si nos vamos a dar un gusto, ya sea dulce o salado, según cual sea nuestra debilidad, disfrutémolo sin culpa. A la hora en que quitamos la culpa del mapa, bajamos la ansiedad y comemos menos.
  4. No comer postres/queques de la caja o ¨snacks¨ de la bolsa. De esta manera, podemos decidir nuestra porción antes de comenzar a comer.
  5. Dejar dos horas sin comer antes de dormir. Este consejo es importante ya que, muchas veces tenemos la mala costumbre de terminar el domingo con una ¨comilona¨ que hace que todavía el lunes, suframos las consecuencias. Dos horas antes de dormir, prefiramos solamente líquidos para así, acostarnos sin malestar y poder arrancar bien la semana.
  6. Si vamos a tomar, salgamos cenados. Si logramos salir a una fiesta o bar, es preferible ir con la panza llena. De esta manera, evitamos estar picando y así, disminuimos la posibilidad de pasar a comer afuera ya que, a altas horas de la noche, no son específicamente los restaurantes más sanos los que están abiertos.
  7. No mezcle las bebidas alcohólicas con gaseosas/frescos azucarados. El alcohol aporta calorías vacías que no nos brindan ningún tipo de nutriente. Para evitar seguir sumandole calorías procedentes del azúcar, podemos mezclar nuestros tragos con agua, soda o algún refresco sin endulzar.

  

Finalmente, mi mayor consejo es disfrutar. En el momento en que ese ¨gustito¨que nos dimos el fin de semana nos llenó de remordimiento, ya no valió la pena. Tratemos de mantener nuestros hábitos saludables no por obligación, sino porque nos hacen sentir mejor, física y emocionalmente. Si no vemos los buenos hábitos como un castigo, entonces a la hora en que disfrutemos esos ¨pequeños placeres¨, van a ser sólo eso, placeres, sin agregarles lo culposo.
O nos mata la obesidad o nos mata la bendita contadera de calorías

O nos mata la obesidad o nos mata la bendita contadera de calorías

 

En el momento en que cualquiera de nosotros decide ¨bajar de peso¨, ¨aumentar peso¨, ¨aumentar masa muscular¨, ¨bajar grasa¨, o cualquiera de esas combinadas, llega a nuestras manos una lista de intercambio, unas tazas medidoras y una cantidad de calorías que tenemos que comernos, o NO comernos, al día.

 

¿Reacción inicial?: ANSIEDAD.

 

La realidad es que a nadie le gusta comenzar los tiempos de comida, que suelen ser los momentos más placenteros del día, con unas tazas medidoras, una pesa y casi una lupa para poder leer las etiquetas nutricionales que vienen detrás de los paquetes. ¿Por qué? Porque a partir de ese momento, lo que vamos a meter a nuestra boca deja de significar una experiencia gratificante, y comienza a convertirse en un juego matemático de suma y resta de calorías y porciones… que de juego tiene poco porque la diversión es nula.

 

Esto qué quiere decir, ¿qué no deberíamos de preocuparnos por lo que comemos? Por supuesto que no. Lo que quiere decir es que los métodos que hemos utilizado hasta el momento, y me incluyo porque los he aplicado en otros y en mí misma, pueden estar desatando cuadros de ansiedad que ni siquiera estamos tomando en cuenta.

 

Dejamos de enfocarnos en cuáles alimentos tienen más vitaminas, más minerales y en cuáles favorecen más a nuestro cuerpo, y nos obsesionamos, sí, OBSESIONAMOS, con números que al final del camino, no nos aportaron absolutamente nada más que una ansiedad desmesurada.

 

Estoy cien porciento convencida en que las porciones importan y que, no importa que tan saludable sea un alimento, si lo consumimos en exceso, llega a ser problemático también. Sin embargo, es ahí donde creo que tenemos un enorme vacío en la forma en la que trasmitimos los mensajes.

 

Necesitamos que la educación sea la base, entender cuál es la función de los alimentos, cuáles son las cantidades en que nuestros cuerpos los requieren, cuál es el mejor momento del día para consumirlos y cuáles son las mejores fuentes.

 

Tenemos que aprender a escoger los alimentos que tengan menos ingredientes en las etiquetas y no menos calorías, a perderle el miedo a las grasas y a escoger las que nos benefician y a dejar de satanizar los carbohidratos y simplemente a entender cuáles y cuándo se deben consumir.

 

La idea de contabilizar calorías y porciones definitivamente ayuda a alcanzar resultados a corto y mediano plazo. Sin embargo, no podemos olvidarnos de los trastornos obsesivo-compulsivos que muchas veces estamos ¨alimentando¨ sin darnos cuenta, o la relación de ansiedad que estamos creando entre una persona y lo que consume.

  

No caigamos en la trampa de creer que solamente lo ¨físico¨ nos enferma. Al final del camino, nadie es verdaderamente sano si no logra controlar sus emociones.